miércoles, 13 de enero de 2010

la puerta falsa a la felicidad


Soy Virginia(21), soy adicta y estoy enferma.


"A los 17 años empecé con la curiosidad de ver que onda con las drogas, quería saber que se sentía. Comencé a buscar entre mis amigos y pronto encontré quien me las diera. Mi primera experiencia fue con la marihuana, me hacía sentir que mi autoestima subía, conversaba de lo que fuera sin importar como reaccionara la gente, me sentía aceptada. Empecé a fumar poco, luego cada dos meses, cada mes, hasta que me drogaba cada tres horas. Luego, comencé a experimentar con otras drogas. Me gustaba mucho sentir ese efecto 'maravilloso', pero mientras mas avanzaba mi consumo, mas me sentía como una basura. Quería desaparecer, no encontraba una salida y no sabía quien era. Me preguntaba ¿como pude engancharme con esto? Y me respondía que odiaba vivir, porque sentía que el mundo era cruel y mi única salida era escaparme con una dosis. A los 18 años ya eran visibles los resultados: mi cara se veía diferente, estaba mucho mas flaca, con unas ojeras enormes y poco pelo. Mi familia actuaba como si no pasara nada y mis amigos desaparecieron. Terminé juntándome nada más con el 'dealer' que me vendía.

Tomaba medicamentos psiquiatricos (pues me habían diagnosticado trastorno bipolar) y combinados con las drogas ¡eran como una bomba! Recuerdo haberle contado a mi psiquiatra que me drogaba y el me rogaba que no lo hiciera, pues me podía provocar una sobredosis.
Un día invité a fumar a una amiga, que según ella ya lo había hecho antes. ¡Se puso fatal! Empezó a gritar y temblaba, duró una hora casi convulsionando. Fue horrible, me asusté mucho, tenia miedo de que alguien escuchara sus gritos. Esa noche llegué a mi casa drogada y le comenté a mi mamá lo que hacía, le pedí ayuda. Mi terapeuta les dijo a mis papás que era adicta y ellos se encargaron de que entrara a un grupo de AA. Asistí para ver de qué se trataba, pero la verdad no los respetaba ni me involucré con la literatura de apoyo. Llegaba drogada al grupo, pero los compañeros no me decían nada y yo, con mi gran soberbia, no les pedía ayuda, hasta que dejé de ir.


Pasó un año, ya tenia 19 y consumía mucho más, al grado de que hablaba con Dios y le decía que me ayudara, que ya no deseaba vivir, había tocado fondo... Pero yo quería que Dios actuara en forma mágica y que se me apareciera, hasta que entendí que Él no me ayudaría si yo no daba el primer paso. Y ese paso fue ir de nuevo al grupo a sacar toda mi soberbia y pedir con humildad, derrotada, que me ayudaran. Ya no podía más con lo que sentía dentro, ese vacío, ese dolor tan grande. Me ofrecieron la opción de internarme, la cual acepté con mucho miedo de decirles a mis papás que me había vuelto a drogar y que les había estado mintiendo. Finalmente, le conté a mi mamá que en el grupo no había hecho nada por sanarme, pero que ahora era diferente, ella me apoyó. Fue difícil convencer a mi papá, porque no entendía que esto fuera una enfermedad; estaba triste, enojado y confundido; aceptó hasta que los de mi grupo de AA hablaron con él.


Me interné 35 maravillosos días, en los que por fin sentí lo que es la verdadera felicidad. Después de estar internada, seguí mi rehabilitacion cuatro meses. Aprendí que lo más importante es la honestidad, que si no digo la verdad no me recupero. Regresar a mi casa fue difícil, porque yo había cambiado y tenia que escoger diferentes cosas, dejar amistades, entrar a terapias, tener un nuevo estilo de vida. Y así fue. Aunque recaí, me volví a internar y poco a poco he logrado superar mi enfermedad, día a día, solo por hoy".


-Virginia, 21
-Seventeen magazine-


Y yo todavía no entiendo a la gente que quiere arruinarse la vida de esa forma. Que no piensa en los consecuencias, ni en su familia, que sufre por ella. No entiendo ni siquiera a las que les da miedo probar, porque no deberían ni pensarlo, no deberían seguir a las masas ni correr riesgos. ¿Para que? ¿Para ser 'cool'? la vida se vive mucho más 'cool' si decides no matarte durante años.

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